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Argentina


Año 17 - Número 151

República Argentina, 30 de Enero de 2015

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Sumario:

Tensando la Cuerda - por Miguel Arancibia

Habrá que recuperar las instituciones - por Gustavo P. Forgione


Tensando la Cuerda

Esta muerte dudosa y violenta del Fiscal Nisman nos ha dejado conmovidos, paralizados y con un profundo sabor amargo

Por Miguel Arancibia

Desde el regreso a la Democracia, en estos 30 años, nuestro país nunca había pasado por un momento de desazón como este. Un Fiscal Federal Especial se dedicó exclusivamente a estudiar el peor atentado que sufrió la Argentina, fue nombrado por esta administración ad hoc pero luego de un tiempo la misma Administración cambió su rumbo político. Una serie de impresentables como D´elia, Esteche, etc. comienzan a negociar con los criminales, borrando con el codo todo el trabajo que éste Fiscal, Nisman, estaba haciendo. Lo abandonan, lo dejan solo, con una sentencia de muerte dictada por los mismos terroristas que él estaba investigando.

Luego del atentado en Francia, el fiscal decide poner fin a tanto cinismo y se decide a denunciar al la Presidenta y a su Canciller. Pero éste acto de valentía y búsqueda de la verdad termina en una tragedia griega; con un supuesto “suicidio” nadie creería que la Casa Rosada no tiene responsabilidad directa o indirecta. Uno termina recordando los asesinatos mafiosos cuando el Padrino dice “Que parezca un accidente”, por supuesto este crimen mancha a al Casa Rosada profundamente en su legitimidad, en su lucha por los Derechos humanos y tengo la impresión de que nos observan desde el exterior y nos comparan con una “republiqueta” africana.

 

La administración de CFK esta (en términos boxísticos) grogui, y como tal, genera incertidumbre. Cada declaración, cada gesto, todo le sale mal, grotesco, hasta pareciera que hace todo lo posible para que la gente la mire como responsable.

 

Si enumeramos simples hechos como la presencia del Secretario Berni en el Dpto de Nisman, quien estuvo hablando por teléfono celular en la puerta a las 12 de la noche, declaró que le estaba dando parte a la Presidente, pero luego en el mensaje por cadena nacional, Cristina dijo que se enteró del hecho a través de la Ministra a las 02:30 de la mañana. Alguien miente, ¿Ella o Berni?.

El mensaje de Cristina tuvo una puesta en escena donde se mostró en silla de ruedas, de blanco, avejentada, fría, echándole la culpa a todos los opositores, a los medios independientes, al “monopolio”, al Poder Judicial, a todos y todas pero menos a ella que era la única denunciada por el Fiscal. Es decir que culpó a todos los amigos de Nisman y además indirectamente manejó la teoría del “complot” contra ella, metiendo en la misma bolsa los temas de corrupción. ¿O sea que el enriquecimiento sin causa de la su familia y de Lázaro Báez puede ser generado también por los enemigos? ¿Acaso los enemigos le dieron dinero a Lázaro Báez y a su familia para después denunciarla?. Una completa locura, casi alucinaciones.

Lo que me impresiona de Cristina y su corte de obsecuentes es que ya estamos en la recta final de su administración, en un par de meses debe permitir que el PJ tenga su candidato a Presidente. Todos los que hemos participado de una u otra forma en política, sabemos que el último año de gestión el funcionario debe salir con la mayor cantidad de amigos de cualquier cargo que ocupe, para que al otro día de haberlo dejado, alguno de los que te llamaba todas las semanas te atienda el teléfono.

En cambio, Cristina está eligiendo salir de la peor manera, confrontando en guerras imaginarias, peleada con todo el mundo (literalmente), y sin respetar a quienes estuvieron trabajando con ella estos doce años. Por lo que todo indica que se va cansar de gastar suela en tribunales el día después de que deje su cargo de Presidente, ya que desde los más obsecuentes hasta sus amigos más alejados está dejando una innumerable lista de resentidos donde los peores no van a ser los opositores, sino los propios que se aguantaron todas sus rabietas, sus enojos, su mal carácter.

La Casa Rosada es de ese color ya que cuando se reorganizó el país se pensó en unirlo, no disgregarlo. Ya estaban cansados de las luchas entre Unitarios y Federales (Blancos y Colorados) por lo que los próceres de esa época plasmaron la frase “ni vencedores ni vencidos, no blancos y ni colorados”. Para la Argentina y para todos sus ciudadanos, símbolo de esa unión es el color con que está pintada la Casa Rosada, este símbolo de unidad del país no debe ser ultrajado y Cristina tiene que dejar de estar enardecida, pidiendo sumisión tal como exigían los monarcas a sus súbditos en el siglo XVII.

El malestar general no va a finalizar con el entierro de los restos de Fiscal Nisman, sino que lo veremos todo este año, porque mientras no aparezca el responsable la gente la mirará a Cristina y las sospechas irán en aumento.

Con profunda tristeza veo que la Presidente actuó como una Monarca absoluta, se olvida de cuidar la República, el respeto ciudadano y de los valores democráticos. La Presidente acompañada por el PJ debe dar tranquilidad, deben entregar al responsable de la muerte de Nisman y dejar de tensar la cuerda.

 

El pueblo quiere paz, prosperidad, respeto, libertad, seguridad y que no le ocurran estas cosas a nuestros hermanos con un tipo de responsabilidad así.

 

Dr. Miguel Arancibia

 

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Cuando no gobierne el kirchnerismo

Habrá que recuperar las instituciones

Familia, trabajo, respeto, independencia de poderes, decencia...

Por Gustavo P. Forgione

Cuando nos referimos a las instituciones de la república, no sólo estamos pensando en la división de poderes, como la forma de gobierno en el que los poderes que conforman el gobierno federal se controlan entre sí, sino también en las instituciones que hacen posible que ello sea sostenible. Durante la historia argentina, muchos fueron los momentos en los cuales algunas instituciones vieron amenazada su continuidad; así, periódicamente vemos que la independencia del Banco Central, conformado como el agente financiero del estado, cuyo objetivo era el de sostener el valor de la moneda, se ha convertido en un banco comercial que se endeuda y utiliza su patrimonio con el sólo fin de solventar a determinada gestión de gobierno; que el trabajo dejó de ser la realización personal de cada individuo que traduce su labor en recursos para vivir mejor, para convertirse en una remuneración obligada del resto de la sociedad para determinadas personas; que la buena conducta ha sido siempre un valor loable, pero hoy resulta sólo en el voluntarismo de unos pocos, ya que quienes no la practican, aún cuando hayan cometido crímenes execrables, en vez de ser condenados por el estado, estos son considerados víctimas del grupo social y, por lo tanto, reciben una suerte de subsidio o sueldo, aún estando en prisión. Muchos son los valores que, históricamente y hasta hace poco tiempo, se han considerado virtudes e instituciones en nuestro país y siguen siendo consideradas de ese modo en el resto del mundo; pero esta cultura que alguien denominó nuevo paradigma, se ha encargado de subvertirlos, “para que todo dé lo mismo”.

El rumbo que ha tomado la República Argentina, desde el cambio de esquema que comenzó con éste siglo, ha demostrado ser un error en todos los sentidos; sólo podremos progresar como sociedad y lograr una prosperidad aceptable, si se recuperan determinadas cuestiones que evitan degradar los valores personales y la dignidad del ciudadano. En éste sentido, quedó en evidencia que esta novedosa manera de desvalorar la libertad en todas sus formas y más evidentemente la libertad de prensa, hace pensar que el gobierno tiene la facultad de discernir cuáles son las opiniones válidas para los ciudadanos y cuáles no, y quiénes son los facultados para revelarlas al público. En éste orden, no resultó extraño cuando hace algunos meses se anunció la creación de un organismo ministerial dedicado a indicarle a la gente cuál debería ser el pensamiento nacional, cuando en la realidad, éste pensamiento jamás podría ser emitido por un estado, ya que responde a una cuestión cultural y ancestral, que nada tiene que ver con la idea de algún funcionario que pretende destacarse como un iluminado revelador de la verdad y que pretende instalarla como la única forma de pensar para anular el librepensamiento que tanto molesta a los gobiernos totalitarios.

Claramente, esa dependencia del gobierno actual, jamás emitió una idea que pueda considerarse como pensamiento nacional y su actividad se desarrolla, afortunadamente, en forma independiente de los ciudadanos.

En su afán de subvertir los valores de las instituciones, se ha trasvestido la familia, la verdad, la seguridad, el respeto y hasta el valor de la vida; tanto es así, que ya perdió sentido el género de una persona, y pasó a tener más valor su conducta sexual, hasta el punto de notificarlo en su documento de identidad, cuando su titular elija cambiar de género, aunque esto no implique el cambio material de su configuración anatómica. El respeto al otro ha sido reemplazado por la prohibición física; en el caso de algunos espectáculos deportivos no es posible asistir si se pertenece al grupo de simpatizantes del equipo que visita; algo que, afortunadamente, sólo es una modalidad impuesta para los encuentros futbolísticos. Esto, que ya se ha convertido en una costumbre, resulta de la falta de aplicación efectiva de las normas por parte de las fuerzas de seguridad, ya que se ha hecho imposible detener y sancionar a quienes delinquen contra la integridad física de otros, aún cuando haya gran cantidad de testigos y evidencias en imágenes fotográficas y filmaciones. Bajo éste nuevo orden, son los agentes de seguridad los apresados, sancionados y procesados, luego de aplicar la fuerza para reprimir delitos. Cabe hurgar un poco en lo ocurrido en la Ciudad de Buenos Aires, tras los intentos de usurpaciones en el Parque Indoamericano, en el Sanatorio Borda y hasta en una sala de teatro del Centro Cultural General San Martín, para advertir que la represión de un delito infringe más las normas que el delito cometido, por lo tanto, el agente de seguridad que reprima a un delincuente será detenido y el delincuente, indemnizado.

 

Estas situaciones, que parecieran escapadas de alguna novela de futurismo caótico, se convirtieron en la tónica del nuevo milenio, y es responsabilidad de los más capacitados, llevar adelante una sociedad digna, revertir esa desviación para que, en un futuro, nuestro país vuelva a ser un lugar meritorio para vivir.

 

 

 

 

 

 

Gustavo P. Forgione
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